Reflexiones sobre el coronavirus ‘Covid-19’, el ‘cambio climático’ y el ‘desarrollo sostenible’ en el ‘Día de la Tierra’ (y II)

Reflexiones sobre el coronavirus ‘Covid-19’, el ‘cambio climático’ y el ‘desarrollo sostenible’ en el ‘Día de la Tierra’ (y II)

(…Continuación)

Según datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la experiencia nos dice que la disminución de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero durante las crisis económicas siempre fueron seguidas de un rápido aumento de dichas emisiones, por lo que es necesario cambiar esa trayectoria. Para frenar el cambio climático y reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, el mundo necesita demostrar la misma unidad y compromiso que muestra ahora para contener la pandemia de coronavirus. El fracaso en la mitigación del cambio climático podría conducir a mayores pérdidas, tanto de vidas como económicas, durante las próximas décadas”, advierte el director de este organismo.

En este mismo sentido viene insistiendo la responsable del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Inger Andersen, quien coincide en señalar que la disminución de las emisiones contaminantes y la mejora de la calidad del aire desafortunadamente es sólo temporal, por lo que la pandemia provocada por el coronavirus Covid-19 tendríamos que verla como una toma de conciencia sobre la necesidad de construir una economía más sustentable, que funcione tanto para las personas como para el planeta.

Cualquier impacto ambiental positivo después del COVID-19 debe comenzar por el cambio en nuestros hábitos de producción y consumo hacia modelos más limpios y sostenibles. Sólo las transformaciones sistémicas a largo plazo cambiarán la trayectoria de los niveles de CO2 en la atmósfera”, asegura Inger Andersen, que añade que en el ‘periodo poscrisis’, cuando se diseñen paquetes de estímulo económico que incluyan infraestructuras, existirá una oportunidad real de satisfacer esa demanda con planes sustentables de inversiones en energía renovable, edificios inteligentes, transporte público limpio, etc…

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Debido a la disminución de la presencia humana en los espacios exteriores y las restricciones de la libre circulación de personas mediante el confinamiento para evitar más contagios por COVID-19, animales como pumas, alces, cocodrilos, jabalíes y monos, entre muchos otros, se han dejado ver en las calles de varias ciudades en todo el mundo. Incluso han aparecido especies que se creían extinguidas, como ha sido el caso del ‘leopardo nublado’, que se estimaba desaparecida desde hace 30 años, cuyo avistamiento tuvo lugar en un poblado de Taiwán a cargo de un guardabosques que logró documentar con claridad la presencia de uno de estos leopardos subido a un árbol. Todo este espectáculo ‘natural’ está siendo puesto a disposición de la población a través de las redes sociales, donde circulan fotos y vídeos mostrando “el regreso de la fauna a los lugares que una vez los humanos les arrebatamos”.

También es interesante el caso ocurrido en India, donde miles de tortugas marinas llegaron a las playas de Odisha que, vacías de turistas y residentes debido al confinamiento, después de casi siete años de no haber podido hacerlo propiciaron la realización de una anidación masiva de dicha especie durante el día.

Odisha es conocida mundialmente por ser un lugar donde acuden por temporada las tortugas golfinas, que a través de la bahía de Bengala llegan masivamente a esta costa para instalarse en sus playas. La última vez que vimos durante el día la anidación de las tortugas a lo largo de este lugar fue en 2013. Por lo general vienen a la playa para anidar sólo durante la noche. Este marzo fue especial para nosotros ya que vimos a las especies visitar el sitio por la noche e incluso durante el día, en números igualmente buenos”, indicó un oficial forestal encargado de vigilar la zona.

Otro ejemplo consecuencia del freno que ha sufrido el turismo es el de Chiang Mai, una ciudad al norte de Tailandia, que ha propiciado que 78 elefantes fueran liberados de la esclavitud y de las pesadas sillas que utilizaban para pasear a los visitantes, pues la poca afluencia de turistas en plena pandemia obligó a sus dueños a devolverlos a su hábitat natural.

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Gracias a la pandemia y la crisis, que ha derivado en esta experiencia turística, es posible repensar el negocio”, dijo la directora del campamento de elefantes, que además indicó que, superada la emergencia, la empresa permitirá que los animales deambulen libremente por los jardines y que la atracción entonces sea observarlos y no montarlos. “No nos planteamos volver a colocar los soportes de los asientos en los elefantes. Queremos cambiar el estilo del lugar y encontrar formas más naturales para que el público pueda disfrutar de ellos. No los usaremos más para entretener turistas”, aseguraba.

Aunque en otro sentido las consecuencias de la pandemia también la padecen los centros de conservación de fauna silvestre, muchos de los cuales están pasado apuros en todo el mundo, siendo los de Asia quienes más lo sufren ya que dependen en gran medida del turismo chino para subsistir.

Así, organizaciones como la Wildlife Friends Foundation, de Tailandia, que posee un refugio de elefantes en la provincia de Phetchaburi, señalan que sus ingresos se han reducido hasta un 80% y que, como consecuencia de ello, se han visto obligados a reducir su plantilla de cuidadores.

Otra de las organizaciones más afectadas es Animals Asia, que tiene dos santuarios de osos tibetanos en China donde viven más de un centenar de ejemplares de esta especie catalogada como “vulnerable” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a causa del interés que existe por su bilis, una sustancia que la medicina tradicional china prescribe para tratar varios tipos de cáncer y la epilepsia. Por ello, el cierre de estos santuarios supone un gran inconveniente para dicha especie.

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Casos similares se extienden por todo el planeta, como ocurre con en el centro de conservación de especies en peligro de extinción ‘El Nido’, ubicado en Ixtapaluca, Estado de México, donde viven 153 especies, diez de ellas con protección especial, nueve amenazadas y 16 clasificadas en peligro de extinción.

La pandemia nos afecta directamente ya que la única fuente de ingresos para la manutención de los mil 300 animales son los turistas y las visitas de escuelas. Por obvias razones, ante la contingencia sanitaria y el actual cese de la oferta educativa, no contamos con recursos para protegerlos”, manifiesta una representante de la asociación civil Vida Silvestre Jesús Estudillo López que gestiona el lugar.

Varios de los animales que acoge ‘El Nido’ fueron rescatados y llevados allí para su recuperación, quedándose por tiempo indeterminado. “Al momento ningún animal ha muerto o se ha dejado de atender. Por ello la asociación hace un llamado a realizar donativos para su manutención ya que estamos en una situación muy crítica ante la pandemia”, señalan desde la asociación.

De manera que, por lo pronto, el rostro del planeta se transforma, pues la naturaleza se toma un respiro y aprovecha la tregua que le está dando la pandemia de COVID-19 para restaurar parte de aquello que los seres humanos le hemos arrebatado a lo largo de los siglos.

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¿LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD PARA EL PLANETA?

Sin ninguna duda el ‘Día de la Tierra’ 2020 ha sido diferente a todos los demás, pues lo hemos vivido en medio de la pandemia del Covid-19 que, de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se está cobrando numerosos miles de vidas y contagiando a millones de personas en todo el mundo.

La llegada de este virus, que no es algo nuevo ni probablemente detenga el origen o surgimiento de otros virus una vez que se encuentre un tratamiento o vacuna efectiva, es una muestra del paso de la humanidad por un planeta al que no ha protegido ni respetado. Las ‘zoonosis’ (que como señalamos son las enfermedades infecciosas transmitidas de animales a humanos) prosperan cuando tienen lugar determinados cambios en el medio ambiente, según indica el informe ‘Fronteras 16’ del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Pero esto es sólo la punta del iceberg de un problema mucho más grande debido a que nuestros patrones actuales de consumo no son sostenibles y necesitan reformularse. Desde 1950 hasta el día de hoy se han fabricado aproximadamente 8.300 millones de toneladas de plástico de un sólo uso, según los datos facilitados por Geenpeace que refuerzan la insostenible cultura de usar y tirar. El 91% de estos plásticos no se reciclan debido a la gran diversidad de materiales empleados en su fabricación, terminando la mayoría en vertederos, incinerados o en ríos y mares, destinos todos desfavorables para la vida humana que demuestran claramente que el sólo hecho de reciclar no es suficiente.

De los peces que llevamos a nuestra mesa para ser consumidos, al menos el 20% presentan microplásticos en el estómago, evidenciando que la presencia de los plásticos está presente en todo el ciclo que comprende el consumo humano, según lo demuestra un estudio elaborado por Greenpeace y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que desarrolló un listado con los tipos de pescados con mayor cantidad de microplásticos.

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Otro espinoso asunto que no hay que perder de vista es la ‘contaminación del aire’, la cual aunque podría parecer inofensiva es en realidad la más letal, pues de acuerdo con datos del PNUMA cada año se cobra la vida de entre siete y ocho millones de personas que fallecen de forma prematura, afectando al 90% de la población mundial y, entre ella, a la vida de 600,000 niñ@s.

Asimismo, según el International Union for Conservation of Nature (IUCN), a nivel mundial se han extinguido 79 especies de mamíferos, 23 de reptiles, 36 de anfibios y 134 de aves, haciendo especial hincapié en que 1.143 mamíferos, de un total de 5.506, viven bajo amenaza. Un dato verdaderamente preocupante que nos tiene que hacer reflexionar.

Mientras todo esto ocurre, las Naciones Unidas ha establecido el año 2030 como fecha límite para que se cumplan los compromisos actuales del Acuerdo de París. Sin embargo, debido a la poca acción de los gobiernos se estima que las temperaturas aumenten hasta 3.2 grados Celsius para esa fecha, muy por encima del límite establecido por los científicos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), que es de 1.5 grados, lo cual, entre otras catástrofes, desencadenaría en todo el planeta la frecuencia e intensidad de los impactos climáticos como las olas de calor y las tormentas, además de provocar la muerte del 75% de los arrecifes de coral y afectar gravemente a la producción de alimentos.

El Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos confirmó que a raíz del brote de Covid-19 que llevó al aislamiento social se registró una reducción de hasta el 50% en la emisión de contaminantes en Europa, hecho verificado mediante la recogida de información del instrumento Tropomi del satélite Sentinel-5P perteneciente al Programa Copernicus de la Agencia Espacial Europea.

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En el comparativo de las imágenes de marzo de 2019 con las realizadas por el satélite en marzo de 2020, se aprecian menos emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2) en Europa. Asimismo, los investigadores de este Instituto señalaron que la calidad del aire fue monitoreada por el departamento de investigación de observaciones satelitales, llegándose a registrar descensos de cerca del 45% en sus niveles de contaminación en ciudades como Madrid, Roma y Milán, e incluso de hasta el 54% menos en París.

Sin lugar a ninguna duda este ‘Día de la Tierra’ enlaza con el primero, que se celebró en 1970 (por tanto hace ahora 50 años) en Estados Unidos por iniciativa del ex-senador demócrata de Wisconsin, Gaylord Nelson, con el objetivo de aumentar la conciencia pública sobre los problemas ambientales y donde participaron unos 20 millones de personas que protestaron por una ‘crisis ambiental’ caracterizada por los derrames de petróleo, el ‘smog’ y la contaminación de los ríos, un acontecimiento cívico que fue ejemplo de unidad ante las insostenibles acciones a que se venía sometiendo el planeta.

De la misma manera, esperamos que la conmemoración de este ‘Día Mundial de la Tierra’ 2020 haya servido para tomar conciencia sobre nuestros hábitos de consumo y la forma en la que vivimos, además de para exigir a los que nos gobiernan el impulso de las energías limpias y la aplicación de medidas y sanciones a las empresas más contaminantes, sin dejar por ello de lado las acciones individuales, pues es únicamente con una reformulación medioambiental que la humanidad podría seguir viviendo.

Día de la Tierra 2020 - YouTube

Como cierre de estas ‘reflexiones’ que con motivo del ‘Día Mundial de la Tierra’ hemos expuesto, reproducimos las conclusiones finales que en un artículo sobre la crisis climática expone el investigador del CNRS francés y colaborador del proyecto Senitel-5 de la ESA, Ramiro Checa-García, que con el titular ‘Emergencia climática: reflexiones de un científico ante la crisis del covid-19′ dice:

« …La crisis actual del Covid-19 pone sobre la mesa varios hechos. Primero, refuerza la necesidad de una respuesta inmediata, coordinada y global ante los casos de emergencia. Segundo, refuta esa percepción de invulnerabilidad de la sociedad actual ante problemas ambientales globales. Y tercero, muestra que la ciudadanía es capaz de dar una respuesta solidaria y conjunta una vez la crisis se ha reconocido como tal. Estas son tres lecciones clave que pueden servirnos también para afrontar la emergencia climática.

Pero, además, la emergencia sanitaria del Covid-19 ha puesto de manifiesto una aparente contradicción: Nuestra sociedad ha venido confiando en los mercados financieros como organismo de decisión efectivo de nuestro devenir, y sin embargo en esta emergencia sanitaria se ha visto que éstos, sin control, son inoperantes si no perjudiciales para nuestra seguridad. A la inversa, se ha venido desconfiando de los continuos avisos sobre una crisis climática que se dan desde ámbitos científicos mientras que por otra parte se confía (como si de una cuestión de fe se tratara y no de algo que requiere nuestro análisis critico y ético) en que serán la ciencia y la tecnología las que resolverán, de algún modo aún desconocido y sin daños colaterales, todos nuestros problemas ambientales y también sanitarios.

Esperemos que el Covid-19 nos ayude a reflexionar sobre estas contradicciones y poner en práctica los cambios sociales y las soluciones colectivas, solidarias y necesarias para hacer frente a una crisis climática que sigue, no lo olvidemos, entre nosotros. »

 
 

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