La crisis por ‘coronavirus’ y sus consecuencias según José Vicente González Bethencourt

6 Abr, 2020 | Colaboraciones, Reflexiones | 0 Comentarios

Nuestro amigo y colaborador José Vicente González Bethencourt, doctor en medicina y cirugía, profesor de la Universidad de La Laguna, político y asiduo de El Médano, del que ya tuvimos ocasión de publicar un artículo suyo (‘El loco de la playa de El Médano’) el pasado 4 de noviembre, en esta ocasión nos satisface con su contrastada opinión sobre la situación a causa del ‘coronavirus’ Covid-19 y sus probables consecuencias a partir de sendos artículos que publicó los pasados días 22 de marzo y 4 de abril el periódico EL DÍA y que, por orden cronológico, reproducimos a modo de ‘reflexión’:

1.- A grandes males (Covid-19), potentes remedios’:

« No resulta fácil ni grato opinar sobre la tragedia mundial que nos azota, una realidad a la que debemos enfrentarnos con mente fría y ágil, buscando soluciones y alternativas inteligentes, y el pueblo canario lo está consiguiendo, con muchas dosis de responsabilidad y buen humor, haciendo más llevadera esta pandemia que nos ha cogido desprevenidos, con más de 220.000 enfermos en el mundo, unos 10.000 fallecidos, pero también 85.000 curados.

En la mañana del primer día de “quédate en casa”, acostumbrado a trabajar, caminar, nadar, escribir, leer o meditar contemplando el horizonte, la soledad y el silencio casi sepulcral me impactaron y abrumaron. Pero me dije, ¡no!, voy a hacer en mi casa labores sencillas que siempre deseé y no pude, como ordenar documentos, recuerdos y fotos, aprender a cocinar o hacer una limpieza muy a fondo.

Y he chateado con amigos y amigas con más tiempo y tranquilidad, y con mis hijos, hermanos y primos hemos recuperado vivencias, fotos y anécdotas de la infancia, juventud y tiempos lejanos que han vuelto a mi retina, viendo con más claridad que somos frágiles, que no vamos a vivir siempre, que muchos familiares muy queridos se han ido, que irnos con ellos es una cita que todos tenemos pendiente, y en este aislamiento que tanto nos cuesta estamos viendo que lo más importante es la salud y la familia, añoramos el tiempo que a ésta hemos restado inmersos en la lucha por estudiar, trabajar, progresar, alcanzar poder, absortos y ciegos muchas veces, con aciertos y errores, reincidiendo en unos y otros, tropezando en ocasiones con la misma piedra, la que la vida, los demás, o nosotros mismos, ponemos en el camino, y quienes viven solos conversan con más profundidad con ellos mismos, y hasta nos preocupamos más por nuestros vecinos porque los queremos sanos para que nuestras vidas no corran peligro.

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Nos enteramos angustiados de las escalofriantes cifras de infectados, enfermos y fallecidos por el fatídico bicho del que no sabemos casi nada, y, sin llamarlo, cómo y por qué ha venido. Y ahora tenemos tiempo para oír el canto de los pájaros que se acercan a nuestro balcón, y en él coger un poco de sol, y para conversar, a pesar de la distancia, con el vecino que apenas saludábamos en el ascensor, y los padres juegan mucho más con los hijos pequeños y les hacen cuentos como antaño, y los hijos que pueden prestan más atención y ternura a sus padres ancianos, y hasta muchas parejas se escuchan más y planifican el futuro para el día después que nos devuelva la normalidad.

Surge el buen humor, los chistes, las ocurrencias simpáticas y la imaginación invaden las redes, y hacemos cosas que nunca nos pasaron por la mente, y yo, que jamás hice pilates, recibo clases por la tarde siguiendo una monitora por el móvil, y en muchos barrios, desde los balcones, los vecinos, con los músicos, cantan y bailan como nunca, y a las siete, todas las tardes pendientes de aplaudir con todas nuestras fuerzas a los profesionales sanitarios que se juegan la vida para cuidar la nuestra.

Ahora podemos desayunar despacio, cantando, saboreando el olor del café, disminuyendo el egoísmo, superando discrepancias y tendiendo nuevos puentes, perdonando, y si bien es cierto que en los grupos de WhatsApp se discute, se señalan culpables y se exigen responsabilidades, también acercamos posturas y soluciones comunes, porque no queda otra que unirnos ante un enemigo que no diferencia ricos y pobres, negros y blancos, ese virus que sale hambriento a morder y apoderarse de las calles inmersas en la soledad y el silencio, que entre todos estamos combatiendo con el enorme sacrificio que supone aislarnos, como nunca, entre las paredes de nuestras casas, y así venceremos una plaga que la exterminamos o acaba con nosotros.

Un virus que dicen escapó de un animal salvaje chino, y, sin embargo, donde más mata es en Italia y en las residencias de mayores, que cierra hoteles, carreteras, puertos y aeropuertos, pero que ojalá no encierre nuestra mente en nosotros mismos. »

Noticias | SUP Canarias

2.- ‘Y después, ¿qué?’:

« Sufrimos una emergencia no conocida desde la Segunda Guerra Mundial que durará un mes, o dos, o tres, o más. Y cuando llegue ese día, nada será igual, ni nuestra calle, ni el mar, ni la montaña, ni nuestras familias, ni nuestros amigos, ni los amores. El Covid-19 habrá marcado para siempre un antes y un después en nuestro estilo de vida.

Entonces no nos abrazaremos ni besaremos como hace tan solo 23 días, al contrario, estaremos a la defensiva porque vamos a temer que otras ofensivas sanitarias puedan atacarnos, así que evitaremos las aglomeraciones y manifestaciones multitudinarias, viajaremos lo imprescindible, y si, en el avión o la guagua, un pasajero tose, procuraremos evitarlo cambiando de asiento o permaneciendo de pie por el pasillo, y si es en el cine nos alejaremos a otra butaca o nos mandaremos a mudar. Ya no iremos a la tertulia de la peluquería, ni a la del bar de la esquina a tomar el cortadito o la cañita, ni a la del centro de salud o ambulatorio, tampoco al banco porque habrán despedido a nuestro asesor, y ya manejaremos internet con soltura, y perderemos de vista a muchos compañeros y compañeras de trabajo porque éstos lo harán desde sus casas con el ordenador, el zoom o las videoconferencias, con lo que, para evitar la saturación, habrá que potenciar la capacidad de redes, telefonía, Facebook, Twitter y WhatsApp.

Y cuando necesitemos consultar a nuestro médico de cabecera, primero lo intentaremos por teléfono, y si no queda otra iremos a su consulta, pero ya no habrá apretones de manos, ni abrazos efusivos, ni besamanos de agradecimiento, y eso sí, alguien nos apremiará a que seamos rápidos y salgamos cuanto antes de la consulta sin enrollarnos mucho. El sexo ya no será promiscuo y las agencias de búsqueda de parejas por internet entrarán en crisis porque ya nadie se fía de nadie, y entrarán en trance salas de baile, pubs, discotecas, gimnasios, bares y restaurantes, donde se marcarán distancias. ¿Y qué va a pasar en los aviones, donde ya viajábamos bien apretados unos contra otras y dándonos codazos por el apoyabrazos? ¿Y si encima el egoísta pasajero de delante lanza su respaldo hacia atrás? ¿Y en el tranvía o el metro cuando vaya a tope y sintamos el aliento vecino? ¿Y en los aeropuertos cuando nos chequeen?

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Ya nada será igual en los albergues cuando volvamos al Camino de Santiago, pues a ver cómo dormimos en habitaciones de 10, 20 o 30 literas, y no lo digo por los ronquidos, que podemos suavizar con tapones, pero, ¿y esas camas tan cercanas? ¿y las colas en los baños? Y lo de alquilar en un piso habitaciones compartiendo baños, salón, comedor, tele y cocina ya no será igual para muchos estudiantes y trabajadores noveles.

Muchos de los mandatarios actuales no serán reelegidos porque la ciudadanía no va a perdonar fallos mortales y mentiras insulsas, y como posible botón de muestra, Donald Trump, creído de que, si no pasan de 100.000 los muertos en Estados Unidos, habrá hecho un gran trabajo, dándose la paradoja de que, medio en broma, medio en serio, ahora son los mejicanos quienes quieren que acabe el muro cuanto antes. Aumentará la desconfianza entre China, Rusia, Europa, Estados Unidos y Japón, y los países del tercer mundo se sentirán más amenazados por los del primero y viceversa. Y en nuestra querida España, a Torra los catalanes le darán pasaporte, porque pretender impedir que la Unidad Militar de Emergencias entre en las residencias de ancianos para desinfectarlas ha sido un suicidio, y en el País vasco, aunque Urkullo frunza el ceño sin disimulo, la ciudadanía seguirá aplaudiendo a los militares para que ayuden a la población civil.

Hoy lo que sí sabemos es que Canarias se va acercando al principio del fin de la pandemia, pero no qué va a pasar cuando llegue ese tan deseado día que salgamos de casa, cuando ya nuestras vidas no van a ser igual, para unas cosas, peor, para otras, mejor, y hasta tanto, aislémonos en casa, y lo que es salir, solo al balcón o la ventana para penetrar intensamente el aire en nuestros pulmones. »